Share this on:
 E-mail
71
VIEWS
 
RECOMMENDS
0
SHARES
About this iReport
  • Not vetted for CNN

  • Click to view Centellita's profile
    Posted March 9, 2010 by
    Assignment
    Assignment
    This iReport is part of an assignment:
    Progress or stagnation?

    More from Centellita

    Life or Vida

     

    Mi vida se basa en saltar obstáculos que, muchas veces, son más altos que yo, pero no por serlos detuvieron mis pasos. Cuando tenía año y medio de edad mi abuelo Manolín González de la Playa de Ponce (Puerto Rico) tenía un bote de pesca que atrapó mi vista por sus brillantes colores verde y amarillo. Estaba amarrado al muelle cerca de la casa de madera de mi madre, Marta González. Yo quería montarme, pero había varios obstáculos que pasar. El primero, mi madre que no me lo permitía; así que debía escaparme sin que ella viera. El segundo era que el bote estaba atado con un nudo que los pescadores saben desatar y yo era muy chico para saber. Tercero, los botes que están en el muelle, luego desatarlos, hay que empujarlos y montarse a la misma vez.
    Bueno, pasé el primero; le eché arena en los ojos a mi madre, no literalmente; sólo que no me vio escapar de la casa. Luego, desaté el bote. ¿Cómo? No lo recuerdo, pero lo hice. Me faltaba el más difícil: empujar y montar simultáneamente. Aquí las cosas se pusieron peliagudas; con mis manos comencé a empujar, no me dio tiempo montarme y quedé colgando entre el muelle y el bote. Mis dedos, tan pequeños, comenzaron a deslizarse y el bote se fue alejando poco a poco; me aferré al muelle por miedo a ahogarme. Comencé a resbalar y sentí que todo terminaría ahí porque me sentí cansado de estar colgando y el agua ya me llegaba al cuello, pero una mano muy fuerte me levantó. Era mi tío, Pedro Juan González (Pijuán), enviado por Dios, ya que no recuerdo como apareció de la nada ni haber gritado pidiendo auxilio.
    Hoy comprendo que cuando uno menos lo espera, aparece la mano amiga. No sólo me salvó, sino que, años después, me enseñó a montarme y a remar adecuadamente. Estos tres obstáculos fueron los primeros que recuerdo. Dos de ellos los vencí solo, pero el tercero fue con ayuda. Así que no es malo o de tontos permitir que alguien nos dé la mano, más aún si está relacionado con nuestro futuro o nuestra vida.
    En unas cosas me comparo con este personaje, es como manejamos los obstáculos y los quitasueños. ¿Sabes? A Centellita, las personas lo despreciaban mucho por ser de familia de escasos recursos económicos y muchas personas pensaban que terminaría en la cárcel, pero él le prometió a su madre que nunca le causaría algún sufrimiento de esta índole. Él pasó una situación muy bochornosa; creyó que lo iban a encarcelar y que echaría por el piso esa promesa sólo por estar en el lugar y en el tiempo equivocados.
    Centellita estaba con unos compañeros buscando entre los desechos de una juguetería cerca de su hogar en el Bronx. Todos muy contentos con sus bolsos llenos de juguetes defectuosos, pero que cumplirían con sus propósitos: servían para jugar. Ya llegando a pasos de su casa una patrulla de la policía se paró y dando por entendido que eran ladrones, comenzaron a gritarles que ellos eran agentes y que se detuvieran. Se asustaron y comenzaron a correr, pero sus pasos no eran para competir con los de aquel policía alto y atlético que de un jalón lo alzó; llorando y pataleando, ansiaba su libertad y pensaba en su madre: ¿Qué le diría si ese tipo lo llevaba a la cárcel aun siendo inocente? Intentó dar explicaciones, pero el policía sólo se burlaba; lo sujetaba tan fuertemente por la camisa que le estaba cortando la respiración. Sólo se le ocurrió darle un puntapié en la espinilla y se la dio; logró escapar, pero no por mucho tiempo. Lo volvió a agarrar, esta vez con más fuerzas causando incesantes lágrimas al niño. Pero, como siempre, apareció la mano amiga: una joven que lo cuidaba cuando su madre trabajaba, le explicó al policía de dónde eran los juguetes y dejó libres a los muchachos.
    Muchas veces, por un malentendido, alguien nos quiere robar nuestros sueños. El policía no sabía lo de la promesa a su madre ni que Centellita había jurado ser un hombre de bien. Este agente pudo arruinar su vida por ese simple malentendido. De manera que hizo todo lo que tenía a su alcance para librarse. El puntapié fue una buena defensa y dio tiempo a que lo viera la niñera que lo cuidaba; fue ella, entonces, la mano auxiliadora de esa ocasión.
    Los obstáculos no son el fin sino un motivo para probar que somos capaces de vencerlos, una y otra vez, aunque tengamos que aceptar el trabajo en equipo: la mano amiga.

    Contactanos.

    Si tienes dudas y quieres escribirle a Centellita, nos puedes contactar en: yourbiolife@yahoo.com

    COMUNICATE personalmente con Centellita llamando al 801-574-5839 (Estados Unidos)

    What do you think of this story?

    Select one of the options below. Your feedback will help tell CNN producers what to do with this iReport. If you'd like, you can explain your choice in the comments below.
    Be and editor! Choose an option below:
      Awesome! Put this on TV! Almost! Needs work. This submission violates iReport's community guidelines.

    Comments

    Log in to comment

    iReport welcomes a lively discussion, so comments on iReports are not pre-screened before they post. See the iReport community guidelines for details about content that is not welcome on iReport.

    Add your Story Add your Story